¿Para qué sirve la Propiedad intelectual?

A raíz de toda la controversia surgida alrededor de la piratería, las entidades de gestión y, en general, de la Propiedad intelectual en sí misma, he tenido ocasión de hablar de este tema frecuentemente con distintas personas, lo que me ha hecho llegar a dos conclusiones un tanto desalentadoras: en primer lugar, el enorme desconocimiento en esta materia. A menudo las personas confunden conceptos que deberían ser básicos, lo que les lleva a alcanzar conclusiones, a desarrollar opiniones, muchas veces erróneamente fundamentadas (ojo, no digo que las opiniones sean equivocadas. Una opinión nunca lo es. Lo que digo es que se trata de opiniones con una base débil como consecuencia, en gran medida, del desconocimiento). En segundo lugar, y probablemente a consecuencia de lo que he mencionado en primer término, observo la preocupante falta de concienciación respecto a los derechos de autores, artistas y demás titulares protegidos por la Propiedad intelectual.

Demasiado a menudo he oído decir la frase “pero es que yo tengo derecho a ver tal película”. Con un destello de asombro asomando ya a mi cerebro, mi respuesta a tal pregunta ha sido siempre: “¿y las personas que han hecho ese trabajo no tienen derecho a cobrar, como los demás?”. Ante esta pregunta me he encontrado con respuestas diversas, me gustaría decir que de todo tipo, pero mentiría, ya que todavía no he encontrado quien me diga un sí, reconociendo al menos el derecho de todos a ser retribuidos por lo que hacemos. El caso es que esta conversación ha terminado el 90% de las ocasiones (no es una estadística estudiada, se trata simplemente de una cláusula de estilo) conmigo totalmente desanimada y renunciando a exponer mi punto de vista, y mi interlocutor diciendo “pues no estoy de acuerdo contigo”, sin haberme dejado siquiera explicarme.

Antes de entrar del todo en materia, quiero dejar claro un aspecto: Me encanta el cine, me encanta leer, me encanta el teatro, me encantan los videojuegos, me encanta la música. Salvo por esta última, no discrimino estilos. Veo todo tipo de películas. Leo todo tipo de libros (novela, artículo, cómic… Hasta la caja de los cereales). Asisto a funciones teatrales. Compro discos. Voy a conciertos. Y un infinito etcétera. Por tanto, soy 100% usuaria de la cultura, en todas sus vertientes. Como apunte, recordar que actualmente, por desgracia, no estoy trabajando, por lo que mis fuentes de ingresos son bastante reducidas. Lo que quiero decir con esto es que entiendo perfectamente el argumento típico de que la cultura es muy cara. En efecto, lo es. Vergonzosamente cara. Posiblemente esto sea objeto de otro post más adelante, pero no es lo que nos ocupa hoy. El hecho de que el material sea caro no implica que afirmemos categóricamente que las personas que han invertido su tiempo, su esfuerzo y sus medios económicos (en muchas ocasiones tan reducidos como los nuestros, porque la crisis ha sido para todos), no tienen derecho sobre esos trabajos; así como tampoco implica que digamos que su derecho decae frente a nuestro “derecho a ver tal peli”.

No quiero aburrir a nadie con una interminable introducción sobre cómo nació la Propiedad intelectual, sobre sus orígenes, ni sobre leyes que ya no están en vigor. Lo que sí quiero recordar es que todas las Leyes nacen como consecuencia de una necesidad social. Es decir, que si un buen día nació la Propiedad intelectual, fue, ni más ni menos, porque hacía falta. No viví aquellos tiempos, pero sí vivo estos, e, imitando a un ex-presidente del Gobierno, puedo afirmar y afirmo que si no existiese la Propiedad intelectual, hoy en día no existiría la cultura, sencillamente porque nadie tendría ni medios ni ganas para crear.

Por tanto, como respuesta, en mi opinión fundamental, a la pregunta que hoy formulo en el título de este post, opino que la Propiedad intelectual sirve para que la cultura exista. Para que no volvamos a los tiempos en que el ser humano vivía en la cueva, sin nada que hacer cuando había terminado tu dura jornada de caza, en unos casos, y de invención de la rueda, en otros.

A estas alturas probablemente muchos habrán cerrado ya este post, jurando y perjurando que jamás volverán a entrar a esta página, y a lo mejor hasta llamando a su compañía para bloquearme por todos los medios que permita la tecnología. En cuanto a los pocos que quedéis leyendo esto (seguramente sólo mi madre y con suerte un par de amigos), espero haber despertado ya algo en vuestra cabeza que os lleve a reconocer, al menos, que no es justo que el derecho a recibir un salario como consecuencia del trabajo de una persona sólo pertenece a aquéllos que no se dedican a esto de la cultura.

Continúo pensando en esas conversaciones de las que hablaba al principio, y caigo en la cuenta de que, de entre todos aquellos que veían justo, legítimo, y hasta un derecho fundamental de las personas, eso de ver películas gratis cuando y donde quieran, ninguna de ellas me dijo que para esto se fuese a cualquier tienda a coger el dvd o blu-ray y saliese por la puerta haciendo caso omiso del chivato correspondiente pitando, del guardia de la puerta diciendo que tienen que pagar lo que se llevan, ni de las típicas personas que se quedan mirando extasiadas y señalando con el dedo cuando algo así ocurre.

Entonces, pienso… y pienso… y sigo pensando… Y entonces caigo. Estas personas piensan que lo valioso, lo que merece un precio, lo que merece premios, reconocimientos, recuerdos, comentarios y conversaciones… no es la peli…. Cielos. ¡¡¡ES EL DVD!!! Sí señores. Esa caja de plástico, con una portada muchas veces memorable (que también es una obra, por cierto, con su autor y sus cosas), con ese disco resplandeciente dentro. Sí, eso que tiene un coste de producción de, quizá, diez euros (hablo sin saberlo con exactitud, por favor, no se me ofendan por esto), no la obra que contiene, no la película, la banda sonora, la brillante interpretación de nuestro actor favorito. No. Eso no. El trozo de plástico con el disco dentro. Porque por la Obra no estamos dispuestos a pagar. Esa… pse… la vemos gratis cuando nos dé la gana en cualquier otra página.

¿Absurdo lo que acabo de decir? Pues sí. En efecto. Pero eso es lo que me están diciendo las personas que afirman que tienen derecho a ver gratis las películas cuando, como y donde les dé la gana sin pagar absolutamente nada a nadie. Eso sí, en formato digital. Porque nadie, como digo, se ha ido todavía a coger directamente el dvd de la estantería de ninguna tienda. Hombre, por dios, eso, y sólo eso, sería robar.

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¿Para qué sirve la Propiedad intelectual? by María Teresa Díaz Montesinos is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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